“Radioafición en España: Historia de la fundación de la Unión de Radioaficionados Españoles URE –3/3” (Ver vídeo en Youtube)
A pesar de la firma de la refundación y del reconocimiento institucional, la andadura inicial de la Unión de Radioaficionados Españoles estuvo lejos de ser un camino fácil, teniendo que sortear estrecheces económicas y severas limitaciones administrativas. Los propios fundadores tuvieron que sufragar de su bolsillo los gastos más elementales —desde el alquiler de la primera sede en la calle Hortaleza de Madrid hasta la compra del libro de actas, el mobiliario básico y la máquina de escribir—, mientras el colectivo intentaba organizarse tras un largo periodo de prohibición. Las autoridades fijaron condiciones estrictas para el retorno a las ondas: se asignaron bandas de frecuencia concretas, se exigieron exámenes de aptitud y se establecieron severas advertencias para desmantelar las estaciones no autorizadas o clandestinas, amenazando con sanciones a quienes mantuvieran emisiones sin la correspondiente concesión oficial.
Para sostener la asociación y sufragar el funcionamiento del buró de tarjetas QSL o la edición del órgano oficial, se fijó una cuota de entrada que supuso un verdadero obstáculo económico para muchos aficionados de la época. La publicación de la revista oficial atravesó serias dificultades por la falta de anunciantes del sector y los elevados costes de imprenta, obligando a los directivos a recurrir a soluciones desesperadas como insertar publicidad de sus propias empresas familiares o incluso aportar dinero de su bolsillo mensual para cubrir el déficit. Sin embargo, gracias a este tenaz esfuerzo directivo y al progresivo otorgamiento de los primeros indicativos oficiales de renovación, se logró consolidar la estructura asociativa, sembrando los cimientos que permitieron situar a la radioafición española en el mapa internacional.

